El futuro de los bosques madereros
No sólo de madera vive el bosque
Las
explotaciones de bosques locales se enfrentan al reto de competir con maderas
extranjeras más baratas mientras surgen otros modelos de negocio relacionados
con el ocio, la retención de dióxico de carbono o la conservación de la
biodiversidad que plantean nuevos retos de gestión forestal
En los
últimos veinte años la madera apenas ha subido de precio y los bosques
madereros europeos, incluídos los españoles, son cada vez menos competitivos.
Una de las razones que explica esta situación es que los costes de extracción
son cada vez más elevados, sobre todo en bosques de zonas montañosas en los que
difícilmente se pueden automatizar el proceso de obtención de la madera y su
transporte. En bosques como los del Pirineo, la extracción de madera es una
actividad en declive. Por paradójico que resulte, resulta más sencillo y
económico importar madera de otros países que obtenerla de los montes más
cercanos. Según informaciones del Centro Tecnológico Forestal de Cataluña, en
esta comunidad autónoma se producen anualmente
La producción
local ya no es rentable. Los países ubicados en el cinturón tropical, en los
que se están implantando grandes plantaciones de árboles, ofrecen madera a un
precio irrisorio respecto a los costes europeos. Algo parecido ocurre en la
región de Las Landas, en el suroeste de Francia, donde el terreno plano ha
permitido desarrollar grandes bosques madereros de pino y mecanizar la
extracción de la madera a precios más competitivos.
Árboles,
maderas y ciclos
Los bosques
españoles, como la mayoría de los europeos, se han adecuado a las necesidades
de una sociedad cada vez más evolucionada. El crecimiento de la red telefónica,
por ejemplo, precisó grandes cantidades de madera de pino para hacer los postes
telefónicos, lo que propició el crecimiento de los pinares. En el País Vasco,
por su parte, numerosos pinares de Pinus radiata han ocupado antiguas zonas
deforestadas que ahora ya no son útiles ni para la agricultura ni para el
ganado. Los pinos son apropiados para la reforestación porque pueden crecer en
condiciones adversas y suelos pobres, al contrario que otros árboles como las
encinas o los robles, que necesitan suelos ricos en nutrientes. Después de
incendiarse una de estas zonas, el pino se regenerará con mayor facilidad.
Además, puede crecer aislado y a pleno sol mientras que otras especies
necesitan mantenerse al abrigo de otros árboles. Y como su ciclo de crecimiento
es más rápido que el roble o el nogal, muchos propietarios forestales han
optado por dedicarle parte de sus explotaciones.
El pinar es
el bosque maderable por excelencia en
Éstas son
algunas de las razones por las que el pino se ha convertido en el bosque
maderable por excelencia en
Además de la
madera de pino, la producción nacional se centra en la elaboración de papel a
partir del eucalipto, árbol de crecimiento rápido originario de Australia que
se cultiva sobre todo en el norte y en el suroeste de España, así como en la
producción de madera de haya, destinada principalmente a mobiliario y
carpintería. También hay plantaciones de chopo (otro árbol de crecimiento
rápido) para la elaboración de contrachapados y pasta de papel, aunque en menor
cantidad. Otras maderas son minoritarias: En Asturias hay una pequeña
producción local de castaño y en el norte de España algunas plantaciones de
nogal además de varios robledos de lento crecimiento que, sin embargo, sirven
de refugio para especies amenazadas como el urogallo o el oso pardo.
Invertir en
madera de producción local puede ser una buena idea. Hay empresas que ofrecen
al consumidor la posibilidad de realizar pequeñas inversiones en árboles
autóctonos maderables. Así, Maderas Nobles del Segura
ofrece una decena de nogales jóvenes por algo más de 3.000 euros. Al cabo de 20
años, si la madera resultante es de primera calidad, el inversor puede
recuperar 40.000 euros y, si es de menor calidad, 13.000 euros. Un lote de
cinco castaños con otros dos árboles de otras especies
se venden por 1.700 euros. Tras 25 años de su ciclo productivo, el inversor
puede recuperar 14.794 ó 5.794 euros, en función de si la madera es de primera
o de segunda calidad.
Gestionar los
bosques
Según el
último informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimetnación) sobre la situación de los bosques del mundo en
2009, la industria forestal de Europa occidental seguirá perdiendo
competitividad pero se desarrollarán otros servicios forestales, sobre todo
ambientales. El aumento de la competencia mundial, que ocasiona la reducción de
los precios de los productos y la disminución de la capacidad de la industria
de costear la madera y la fibra, y la reducción de los precios de la madera en
rollo procedente de la industria forestal de Europa del Este son los factores
que determinarán que los bosques de
Entre las
posibles salidas se encuentra el uso de la biomasa con fines energéticos. Según
un trabajo presentado en el ultimo Congreso Nacional
de Medio Ambiente (CONAMA), la biomasa podría dar respuesta al aumento de la demanda
energética y, al mismo tiempo, ayudaría a que los bosques madereros fueran más
rentables para los propietarios.
El sello FSC
garantiza a los consumidores que el producto que quieren adquirir no procede de
bosques vírgenes ni de las plantaciones que los han sustituido
Son numerosos
los bosques madereros que se dejan de gestionar porque el negocio de la madera
en gran parte de España no es rentable. Y un bosque sin gestión, donde no se
efectúa ninguna corta (clareos y claras), lleva al desarrollo de un bosque más
espeso, con árboles que se deblitan por la falta de espacio y de luz y que se
vuelven más proclives a sufrir enfermedades. Por otro lado, el riesgo de
incendio es mayor, mientras que la resistencia frente a viento y nieve
disminuye. La biomasa, obtenida a partir de los residuos de la industria
maderera que no se venden como madera, permitiría al maderero obtener un
beneficio añadido.
Otra de las
funciones de los bosques es la conservación del paisaje, su uso como sumidero
de dióxido de carbono, como zona de esparcimiento y la conservación de
Madera y
bosques certificados
Muchas de las
maderas tropicales que se comercializan en Europa, como la caoba, el ipé, el
sapelli o la teca, proceden de bosques vírgenes o de plantaciones que han
sustituido los bosques vírgenes que han sido talados por completo (tala rasa).
Para minimizar estas situaciones se creó un mecanismo de control y
certificación mundial, el FSC (siglas de Forest Stewardship Council), que
garantiza la obtención de la madera a partir de una gestión forestal
responsable. Mediante la colocación de un sello certificado se informa al
consumidor de que los productos que adquiere proceden de explotaciones
forestales sostenibles.
A nivel
europeo se ha creado el sistema PEFC de gestión forestal. España, que implantó
el sistema PEFC en 2007, tiene certificadas cerca de un millón de hectáreas de
los casi 18 millones de hectáreas de superficie forestal arbolada total. El
PEFC se adecua mejor a la realidad forestal europea, donde casi todos los bosques
se encuentran en manos privadas y donde rigen desde hace tiempo leyes para
desarrollar la gestión forestal de una forma responsable. Sin ser perfecta, es
una situación diferente a la de países tropicales donde la corrupción, la
compra de tierras por parte de grandes empresas y los intereses económicos
inmediatos provoca la puesta en práctica de una gestión que amenaza la
supervivencia de los bosques vírgenes y la biodiversidad que albergan.